Uno tiene la imagen de la salida del jugador estrella de los New York Knicks en los años setenta, Willis Reed, por el vestuario del Madison Square Garden, entre aplausos y medio cojo, como el ejemplo de máximo compromiso de un compañero de profesión. Así nos lo ha hecho ver una y otra vez la NBA, que siempre sabe muy bien cómo enseñar las cosas. Reed no podía prácticamente ni caminar, pero no quería abandonar a sus compañeros (“hermanos”, como también escuchamos llamarse ahora) en el momento clave de sus vidas. En el séptimo partido de la Final frente a Los Ángeles Lakers.
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