Tite reenganchó a la hinchada brasileña en las eliminatorias para el Mundial de Rusia con una apuesta de juego que ilusionaba a los nostálgicos del fútbol brasileño que había enamorado al mundo. No era difícil. Llegó para reemplazar al tacaño estilo de Dunga. El técnico aprovechó el buen momento de futbolistas vistosos, endiablados por entonces en grandes potencias de Europa, como Neymar, Willian, Gabriel Jesus y Coutinho. El actual jugador del Barcelona, por ejemplo, por entonces brillaba en el Liverpool de Klopp. Pero Brasil se despidió en los cuartos de final de Rusia y Tite pasó de guardián del estilo a prisionero de los resultados, condicionado por el bajón de sus chicos mimados. Agüero le ganó el duelo a Gabriel Jesus en el City, Willian se quedó sin gasolina en el Chelsea, Neymar perdió el rumbo en París, mientras que a Coutinho lo deprimió en Camp Nou. En el estreno de Brasil ante Bolivia (3-0), del cuarteto estrella de Tite, solo apareció Coutinho en el once inicial. El problema es que Coutinho lucha contra Coutinho.
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