Hay un santuario en el despacho de Mauricio Pochettino (Murphy, Santa Fe, Argentina; 1972), en la bucólica Enfield. Lo compone un basamento de botellas de Catena Zapata, un capitel de abalorios y fotografías, y un remate en forma de Copa del Mundo. La réplica del trofeo que conquistó Francia en Rusia es gentileza de Hugo Lloris para su mánager, el entrenador de este Tottenham que ha llegado a semifinales de la Champions con la mitad de presupuesto en fichajes que Liverpool, Chelsea, City o United en los últimos cinco años. Huele a incienso y Pochettino sonríe aunque sabe que el destino, tras el 0-1 de la ida, le depara hoy (21.00, Movistar Liga de Campeones) una durísima vuelta ante el Ajax en Ámsterdam.
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