Lo llaman el agujero negro. Ese vértigo incontenible que te atrapa cuando ves llegar el final de tus días como futbolista y frenas en seco la rutina de entrenamientos, viajes, partidos, recuperación y vuelta a empezar. La vida discurre como un tiovivo que te marca el camino por inercia y que, cuando para, te resistes a bajarte del caballo. No sabes por dónde tirar.
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