No hay mal que 100 años dure. O sí. Desde luego, once partidos bien pueden llegar a parecerse a un siglo, sobre todo cuando todo sale peor que mal. Es lo que tiene caer a lo grande, que se recuerda más que ganar, porque las gestas tienen mala memoria. No olvidará el Madrid una temporada terrible, redondeada con una derrota ante el Betis tan merecida como descriptiva. La postura final de los jugadores, de cuclillas, dibuja una realidad a medio plano. Viven más cerca del suelo que del cielo. Termina el suplicio para un Zinedine Zidane que acabó también con las manos en los bolsillos, buscando trucos que no aparecen. Pero que deben manifestarse para cambiarle el paso de un equipo en ruinas. Ese es el reto para el técnico francés, mayúsculo para cualquier profesional del fútbol. Estimulante para cualquier amante del riesgo.
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