No es preciso que un partido de fútbol esté bien jugado para que genere emociones, sentimientos o vibraciones a través de las que se comprenda la fuerza de este deporte. Tampoco a esta altura de la Liga se piden juegos florales. Manda el resultado, la necesidad de la victoria. Y el fútbol es grande por caprichoso, porque en la dictadura del resultado ejerce de Salomón. El Valladolid sumó un empate que sintió casi como una derrota porque se le fueron dos puntos de la mano en la última acción del partido y quien sabe si ahí estaba un futuro mejor. Al Getafe la igualada le vale para seguir en la pugna en la que se ha metido por la cuarta plaza, pero le obliga a ganar al Sevilla la próxima jornada para retomar esa posición. Bendito problema, pensarán en Pucela.
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