El Atlético de Madrid vive dos realidades paralelas. En una, la competitiva, asegurada la estabilidad económica con la clasificación para la Champions, trata de amarrar esa segunda plaza que vitorea su entrenador, Diego Pablo Simeone. En la otra, a la vez que diseña un plantel sin Godín, Filipe, Lucas y Juanfran, el propio cuerpo técnico anda inmerso en la tarea de mejorar el juego del equipo de cara a la próxima temporada. Por lo visto ante el Celta, el último partido en el que coincidieron sus dos mejores jugadores de campo, Rodrigo y Griezmann, la intentona de esa mejoría pasa por una conexión interior de sendos futbolistas. Ambos más dotados para ser protagonistas desde un fútbol más elaborado que desde el exceso de balones largos con el que el Atlético sucumbió en Turín, el partido que más ha marcado la temporada del equipo porque cortó de raíz el sueño de la final en el Metropolitano.
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