Pep Guardiola exigía que el fútbol saliera desde la raíz para tocar y remover en campo ajeno hasta encontrar la fisura rival. Luis Enrique impedía a los medios bajar a recibir para poder lanzar las contras. Dos formas diferentes de articular un ataque, pero los dos entrenadores tenían un tic visible y expresivo cuando se daba la transición ataque-defensa. Ambos salían del área técnica y, enérgicamente con los brazos, mandaban adelantarse a la defensa hasta el centro del campo para estrechar los espacios y restar líneas de pase. Valverde, sin embargo, desde la derrota en el Camp Nou frente al Betis por 3-4, ya no pide adelantar tanto las líneas, sino que selecciona los momentos de presión porque entiende que a su equipo le cuesta correr hacia atrás. Una decisión que puede conceder más ocasiones al rival, pero que resulta más efectiva porque impiden posiciones fáciles de remate. El ejemplo se dio ante el Manchester United, que logró chutar en diez ocasiones, pero que no atinó entre los tres palos para, de paso, encumbrar a Piqué, imperial en Old Trafford.
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