“Estoy empadronada aquí ya casi, debe estar mi carpa ahí fuera…”, bromea María Martínez, la psicóloga deportiva de Carolina Marín. Aquí es el CAR, el centro de alto rendimiento; en concreto aquí es el pabellón de bádminton donde Carolina se está recuperando de la rotura del ligamento cruzado entrenándose hasta casi ocho horas diarias. Siete días después de salir del quirófano (29 de enero), ya estaba en su segunda casa empezando el camino hacía Tokio 2020. Sin derrumbe anímico, de buen humor pese al rostro cansado y con cuatro kilos menos.
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