El Barça quedó retratado el martes en el Estadio de La Cerámica. El partido ofreció argumentos para el optimismo, sobre todo por la capacidad competitiva de un equipo que cuenta con el desequilibrio de Messi, y también evidenció defectos que condicionan sus aspiraciones, especialmente en la Liga de Campeones. Ninguno tan evidente como la facilidad que tiene para encajar goles sin parar, cuatro consecutivos ante el Villarreal, igual que los cuatro que recibió del Betis o los tres que tomó la temporada pasada en Roma. Tanto los jugadores como el cuerpo técnico, así como los analistas, coinciden en cualquier caso en que el 4-4 llega en el momento preciso, tal que fuera una señal de alarma, antes de la visita el sábado del Atlético y la salida del miércoles a Old Trafford.
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