La escena ponía la piel de gallina. El hijo pequeño de Tiger lanzándose en brazos de papá. Nunca le había visto ganar un grande. La madre de Woods abrazando al campeón. Nadie mejor que ella ha visto su sufrimiento personal. La hija mayor de Woods, la pareja del golfista... Y todo Augusta puesto en pie en una de esas ovaciones que van más allá de un título. El golf, en deporte en general, reconocía al jugador y a la persona que habían regresado del pozo más hondo.
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