La imagen de Ferrari es tan potente que la compañía más universal que existe en el mundo de las carreras puede permitirse el lujo de aplicar esas órdenes que tan poco gustan a la mayoría de aficionados y no sonrojarse en absoluto. Lo que ocurre es que la jugada no le sirvió de mucho al equipo italiano en Shanghái, donde los estrategas sacrificaron a Charles Leclerc y le eliminaron de la ecuación para nada. En otro domingo de esos tan plácidos para Mercedes, el único picante lo pusieron los bólidos rojos, que se enredaron entre sus dos pilotos de forma incomprensible si tenemos en cuenta que el Gran Premio de China era solo la tercera parada del calendario. Suerte tuvo la realización del lío en el que se metió la tropa de Il Cavallino Rampante, porque de lo contrario no habría sabido en quién centrar las cámaras en una prueba decidida en los primeros 200 metros.
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