vendredi 12 avril 2019

El divino Cazorla

Oblak y el antídoto. En la cadena defensiva del Atlético, célebre por su consistencia y aspereza, el eslabón más firme es Oblak. Portero sobrio, ágil, más imponente por transmitir seguridad que por sobrarle tamaño. Su sabio sentido espacial tiene dos efectos: hace a la portería más pequeña y a los rivales más atolondrados. No es de los que manejan los pies tan bien como las manos. Oblak es clásico, con piernas fuertes y manos grandes para descolgar balones; con facilidad de burócrata para hacer milagros debajo de los palos y con seriedad de cura para desactivar sensaciones de peligro. Hay que ser fuerte psicológicamente para zafarse de la severidad de Godín y Giménez y terminar enfrentándose a la figura majestuosa de Oblak. O ser Messi y, sin levantar la vista, poner la pelota donde se imagina que hay red y no hay portero, como hizo el último domingo.

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