¿Una ronda de cinco horas y media? Normal, dicen los rectores del Masters de Augusta, y hablan de la dificultad del campo, del tiempo que se necesita para pensar cada golpe, de las trampas que estiran el tiempo de juego. ¿Cinco horas y media por partido? Interminable, piensan una parte de los árbitros y seguidores, también quienes han de vender el producto por televisión, y estudian nuevas fórmulas de consumo personalizado para hacerlo más atractivo.
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