La tarde del 3 de noviembre del año pasado, Santiago Solari se sentó por primera en la sala de conferencias del Santiago Bernabéu. Si días antes, en su estreno público como entrenador del Real Madrid, reclamó “cojones” a su equipo, en aquella ocasión, después de ganar dos a cero al Valladolid en su debú en LaLiga, solicitó “compromiso, seriedad y espíritu competitivo”. Cuatro meses después, sabiéndose despedido tras claudicar en las tres competiciones en la última semana, y a unas horas de visitar en Zorrilla al que fuera su primer rival liguero (20.45, Movistar Partidazo), Solari avivó el incendio que se vive en Valdebebas al disparar directamente contra su plantilla.
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