En La Cerámica un equipo se jugaba el posicionarse en la zona de privilegio con deseos de alcanzar una plaza que le dé acceso a disputar una competición europea el próximo curso. El otro contendiente aspiraba a salir de la zona de descenso en la que lleva sumido demasiadas jornadas. El conjunto local, el Villarreal, concebido a priori para grandes logros, es el que se encuentra en posiciones que le condenan a terminar en Segunda. Y el Alavés, quién lo diría en agosto, es el que sueña con escuchar el himno europeo. Su victoria en La Cerámica refrenda, a falta de 12 jornadas para la conclusión de LaLiga, que su ambición es real, tanto como para el Villarreal es la pesadilla de bajar a los infiernos. El mundo al revés.
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