Con Cristiano en su versión más demoledora, en una de esas noches que le siguen encumbrando como el goleador más voraz y letal de la historia, la Juventus pasó por encima del Atlético. El equipo de Simeone cayó a la italiana. Solo quiso jugar a defender el 2-0 de la ida y se encontró un varapalo histórico. La fidelidad extrema a su idea le condenó una tunda de época liderada por un futbolista escogido para citas como la de anoche. El foco estaba en él y no defraudó. Cristiano enseñó esa pegada mortal con puntualidad y precisión de cirujano en dos cabezazos majestuosos y un penalti imparable. En el corazón del calcio,su italianismo se llevó un costalazo tremendo. Defendió mal y atacó peor. Szczesny no tuvo que hacer una parada al equipo que aspiraba a jugar la final en su estadio.
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