Menos de un mes después de alcanzar su primera titularidad en Liga, Vinicius Júnior ha establecido una fructífera red de complicidades. Todo el que pasa por la zona izquierda del ataque del Madrid le encuentra dispuesto a dar una respuesta. Se entiende de memoria con Marcelo, combina pases de fantasía con Benzema y lee las intenciones de Ceballos con el rabillo del ojo. Al filo de la media hora del partido contra el Alavés, calibró dos huecos: la distancia que media entre las piernas de Vigaray y el espacio por el que cruzaría Reguilón, que venía doblándole por adentro. Su entrega fabricó un caño, rompió la resistencia de la zaga rival, y brindó tiempo y espacio a Reguilón para que alcanzara la línea de fondo y precisara el centro. Benzema, que amagó al primer palo y engañó a los centrales, metió así el 1-0.
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