La liturgia de la grada de Mendizorroza este lunes por la noche en el Alavés-Levante desprendió el aroma funerario de final definitivo. Primero, el vacío: los asientos no comenzaron a llenarse hasta pasados cinco minutos de juego. Después, la ceremonia organizada por el grupo de animación Iraultza 1921, junto con las peñas del Levante, que habían pedido a los aficionados que vistieran de negro: un ataúd recorrió el graderío rodeando el estadio, mientras el público, en pie, prendía las linternas de los móviles y entonaba una marcha fúnebre. La convocatoria contra los partidos ligueros de los lunes decretaba que “el fútbol está muerto”, pero la ceremonia fue más bien una prueba de vida: otro foco de rebelión civil frente a lo presentado como deriva inevitable de la industria futbolística.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://bit.ly/2DFj6Wf
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire