Cada mañana, el mismo paseo. Salir de casa, todavía el adosado de sus padres, que la suya está en construcción; bajar la calle, un giro a la derecha, otro a la izquierda y, a la nave. Un espacio enorme, en Cervera, su pueblo, en el que dispone de un magnífico taller y espacio para preparar sus motos de entrenamiento; en la planta superior: un gimnasio al que no le falta detalle. Cada día, la misma rutina. Dos horas y media de trabajo por la mañana; otras dos horas y media por la tarde. Marc Márquez, que fue operado el pasado 6 de diciembre de una lesión crónica en el hombro izquierdo, ese que se dislocó en numerosas ocasiones durante la temporada, incluso en plena celebración por su quinto título de MotoGP, no se ha dado descanso desde entonces.
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