Un deporte como el fútbol americano supone, por decreto, el uso excesivo de la fuerza y la velocidad para prosperar. Por eso sorprende la capacidad de elección y pericia que tienen los mariscales de campo. Tom Brady ha sido un prodigio desde su irrupción con Patriots en 2001. Su capacidad para resolver jugadas en escasos segundos de juego le ha valido para ganar cinco títulos del Super Bowl y su legado se encontrará con una antípoda: la irreverencia de Los Ángeles Rams.
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