dimanche 3 février 2019

El fenómeno global de Carolina Marín

Berapa lama ke Istora? [¿Cuánto queda para Istora?]”, pregunta en indonesio Carolina Marín, casi de los nervios, al taxista. Son las seis de la tarde del lunes 21 de enero en Yakarta y a las siete tiene una de las pistas del pabellón reservada para su primer entrenamiento antes del torneo. “¡Me voy a morir, no vamos a llegar! Las cosas que no controlo y que no dependen de mí me ponen muy nerviosa”, exclama. La frase suena premonitoria… Dos días después, en su estreno en el torneo, se pincha la rueda del taxi que la lleva al pabellón. No hay sitio para parar y cambiarla; el taxista aguanta 1,5 kilómetros con el neumático reventado. Desde el hotel Gran Meliá, en el que se aloja la campeona olímpica, hasta el Istora Stadium hay cinco kilómetros y medio. Pero el tráfico sin fin de la capital de Indonesia convierte cualquier viaje en una odisea. Para llegar a cualquier sitio, aunque esté a menos de cinco kilómetros, conviene calcular hora, hora y media de trayecto. Ser peatón aquí es deporte de riesgo. No hay aceras, los socavones abiertos cada tres metros llenan los arcenes de agua y barro. Encontrar un paso de peatones es como buscar una aguja en un pajar. Coches y motos ocupan los carriles como mejor consideran y sin normas aparentes; de ahí que si pinchas o tiras para adelante o tiras para adelante. Es lo más parecido a una jungla.

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