La rutina fue la de siempre, no había porqué cambiar. Llegó al Camp Nou con Luis Suárez, que le cebó un mate (añadir agua calienta a la yerba mate y pasárselo al compañero) nada más comparecer en el Estadi, todavía vestido con ropa de calle. “No le presta atención a los récords, no lleva la cuenta, pero siempre hay alguien que se lo recuerda. Eso no quiere decir que no le gusten”, dicen los que lo conocen. Lionel Messi estaba a pocas horas de marcar su gol número 400 en LaLiga —por supuesto, todos con la camiseta del Barcelona— y estaba como si nada. Sonreía y charlaba con el delantero uruguayo. Una jornada de fútbol más para el rosarino, 13 años, ocho meses y 14 días después desde que Ronaldinho le cediera el balón para que marcara su primer gol en la élite de España, también en la casa azulgrana.
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