El Barça parecía aguardar el gol 400 de Messi en LaLiga. No rompía a jugar ni por un momento y los partidos discurrían últimamente de forma monótona incluso en el Camp Nou. No se hablaba de fútbol, ni siquiera del campeón de invierno, sino de la flojera de los suplentes, de los malos fichajes, del precio de Coutinho y del poco peso de la Masia. Marcó el 10 y durante un rato se estremeció el estadio con unas cuantas intervenciones de Coutinho y sobre todo de Luis Suárez que evocaron la mejor versión del Barcelona. Aunque la alegría duró poco, porque el equipo recuperó enseguida la frialdad y el oficio que le distinguen ahora mismo, valió la pena honrar como era menester el tanto 400 de Messi.
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