No era la final que esperaba España hace dos semanas, pero la selección se abocó contra Brasil ante su primer partido a todo o nada. Perder significaba no conseguir el billete para el preolímpico en este Mundial y fiarlo todo al Europeo de dentro de un año. Y este match point, además, llegaba con el componente emocional para el entrenador, Jordi Ribera, de hacerlo ante el equipo que formó y dirigió hasta 2016. Enfrente tenía a sus cachorros que ya se han hecho adultos y que el día anterior asombraron con una deslumbrante victoria ante Croacia. La respuesta estuvo a la altura del objetivo olímpico y lejos de la temida melancolía. Los Hispanos no se dejaron llevar, ejecutaron un partido sobrio y despacharon a un rival fatigado (34-22).
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