El Reus se queda en los huesos. Al menos siete futbolistas del primer equipo han pedido su desvinculación del club, esgrimiendo un compromiso firmado por el anterior dueño, Joan Oliver, que los liberaba automáticamente de su contrato con la entidad si antes de la medianoche del miércoles sus nóminas no se habían puesto al día. La fuga supone una puntilla para la delicada situación que vive el club, que podía disponer solo de doce fichas profesionales para poder competir.
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