Pocos jugadores representan mejor que Sergio Canales la naturaleza del fútbol, misteriosa bestia que proporciona felicidad y dolor en dosis exageradas. Es un tiempo feliz para el jugador del Betis, líder de un equipo que le permite expresar todas las cualidades que le han definido desde juvenil. Su actuación frente al Girona culminó la escalada de un jugador que parecía destinado al éxito, pero que ha atravesado por dramas de gran calibre. Tres lesiones de ligamentos en las rodillas y casi dos años de ausencia en el fútbol invitaban más a la nostalgia que al optimismo. Es difícil olvidar su formidable demostración en el Sánchez Pizjuán, hace nueve años, en un Racing de Primera. Con cara de niño y pie de oro, Canales marcó dos goles exquisitos y manifestó un potencial de figura. Tres semanas después le fichó el Madrid. A nadie le sorprendió. Sólo Thiago, en el Barça, podía discutirle el liderazgo en aquella generación.
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