El traslado de la final de la Libertadores a Madrid es un delirio. Se agotaron las palabras. Salimos del estado de estupor que teníamos. Lo vivimos como una estafa. Como algo que se nos fue escapando lentamente de las manos. Si uno piensa en este presente y mira el futuro a corto-medio plazo el panorama es preocupante. No hay rumbo. Seguimos pateando la pelota para adelante. Poniendo parches. Asistimos a la derrota de las instituciones que no tomaron medidas por falta de coraje. Porque están atados a un sistema perverso.
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