La imagen de los instantes previos al comienzo del partido del Madrid mostraba un Bernabéu semivacío, con multitud de asientos reclinados en posición casi fetal, la más efectiva contra el frío. No comenzó del todo gélida la noche, pero acabó con pronóstico siberiano y el cuerpo del aficionado blanco congelado. También el de Solari. “Me hago responsable”, aseguró el argentino, consciente, visual y auditivamente de la opinión popular, expresada en forma de silbidos a la conclusión de la peor derrota que se haya visto en Europa en el Santiago Bernabéu.
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