Quién no se harta alguna vez de todo, como Isco.No existe todavía una receta definitiva para sobrellevar con alegría una mala racha, así que antes o después explotas. En su peor momento de la temporada, al centrocampista del Madrid le dio la espalda hasta el lenguaje, haciendo que incluso una frase como “¡Qué queréis, hijos de puta!”, que dirigió a sus propios aficionados durante el partido contra el CSKA, sonase mal. En ese momento, arrojado a una crisis de confianza y juego, no se resistió a la tentación de creer que ochenta mil personas, o las que fueran que le silbaron antes de explotar, no podían tener más razón que una sola: él. ¿Qué sabrán los abonados del Madrid de fútbol, y de cualquier cosa?, debió de pensar. La proporción –miles contra uno– desprendía el aire épico de las batallas imposibles de ganar, y que a veces se ganan. Hasta cierto punto se trató de una reacción natural, como la que experimentabas en la adolescencia, cuando eras lo bastante joven para saberlo todo, y te parecía que padres y profesores no tenían, a tu lado, ni idea de lo que es la vida.
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