“Si alguien me hubiese dicho en enero que iba a ver la final de Libertadores entre Boca y River en el Bernabéu me hubiese reído durante dos horas. O apostado un millón de pesos (22.200 euros)”, dice Tomás Remon, de 28 años. Este hincha de Boca asegura que siempre pensó que un partido así en el estadio del Real Madrid sólo podría existir en un videojuego. Pero como miles de argentinos más, Remon está preparando las maletas para cruzar el Atlántico y ver el Superclásico.
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