El Liverpool no tiene freno en casa. Dubitativo en Europa, donde pasó ronda de manera agónica tras perder en sus tres desplazamientos, nadie le echa el guante en la Premier. Lidera la competición tras ganar en 14 de las 17 jornadas disputadas y ceder apenas tres empates. No importa que su mágico tridente, tan exuberante la temporada pasada, esté lejos de su mejor versión. El Liverpool viaja a todo trapo, en la clasificación y en su juego, frenético, intenso, pleno de ritmo, codicia y fe, vibrante. Hay muchas maneras de enfocar el fútbol y también de ganar, pero este deporte es grande porque existen equipos que lo juegan como estos chicos de rojo. Así que no iba a ser este pacato Manchester United el que le pusiese un palo en las ruedas. Sucumbió el equipo de José Mourinho (3-1), destacado en las apuestas británicas en el concepto que refiere al siguiente técnico que perderá su trabajo. El United está ya a 19 puntos de la cabeza y, lo que es peor, a 11 de la cuarta plaza que le daría acceso a la próxima Liga de Campeones. “Es lo más alto que podemos llegar”, dijo el técnico luso tras la derrota. Sin resultados, sin fútbol, sin plan, sin la ambición que corresponde al club más laureado del fútbol inglés.
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