El maillot amarillo da alas, dicen en el mundo del ciclismo, lo que no deja de ser una verdad a medias. Muchas veces depende del carácter del deportista. Los hay valientes, pusilánimes e incluso serviles, como Andrea Carrea, que cuando se vistió la túnica sagrada, lloró y pidió perdón a su líder, Fausto Coppi. Al día siguiente madrugó para lustrarle las zapatillas a su jefe de filas. También depende del estado de forma, claro. El Sevilla llegaba tal vez no de subir el Tourmalet, pero sí la durísima cota de San Nicolás, junto al Maurice Dufrasne, donde el jueves se la jugó en la Europa League contra el Standard de Lieja. Machín debía administrar los esfuerzos.
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