En un partido entre el Cádiz y el Fútbol Club Barcelona le confesó Johan Cruyff a Héctor Veira que ‘Mágico’ González era uno de los cinco mejores futbolistas que él había visto jugar en la Liga española, o eso cuenta el argentino cada vez que alguien le pregunta por el talento desorbitado del salvadoreño. “Eso sí”, advierte casi de inmediato. ”Ponías el entrenamiento para las diez de la mañana y él aparecía a las once. Al día siguiente lo cambiabas para las once y aparecía a la una… ¡No se despertaba nunca!”. Era la cara B de un futbolista tan excepcional dentro como fuera del campo, quizás el más significativo entre la prolongada estirpe de insubordinados que aparecen cada cierto tiempo para poner a prueba la paciencia de sus compañeros, entrenadores, clubes y aficionados.
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