Desde que comenzó a marcar el camino que el pasado 14 de agosto le llevó a anunciar su retirada de la Fórmula 1, Fernando Alonso se ha cansado de repetir ese discurso con el que enumeraba los puntos débiles del certamen que le hizo famoso y rico. Al mismo tiempo, se explayaba en destacar los atractivos de otros retos que se le aparecían. Consciente de la imposibilidad de plantearse ganar su tercer Mundial por la flojera del McLaren que condujo las últimas cuatro temporadas, el asturiano se fijó como objetivo encasquetarse la conocida como Triple Corona, un galardón honorífico que se le otorga a quien es capaz de imponerse en el Gran Premio de Mónaco, en las 24 Horas de Le Mans y en las 500 Millas de Indianápolis.
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