Aunque sin goles parece que un partido de fútbol se queda incompleto, a veces no hacen falta para que brille, y que los aficionados que han pagado su entrada, salgan satisfechos del estadio. Basta con la intensidad, con los detalles, con las ocasiones. Sucedió en Zorrilla, donde Valladolid y Eibar protagonizaron un choque entretenido, en el que ocurrieron muchas cosas, y casi todas buenas. La mañana estaba gris, hacía frío y llovia, en principio un ambiente desapacible, una jornada de otoño avanzado en Castilla, en lo que en tiempos fue el estadio de la pulmonía. Pero a los protagonistas no les importó demasiado. Tal vez, incluso, les activó para trabajar con más ahínco en busca del triunfo, que no se decantó para ningún bando.
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