Aunque la realidad se empeña en lo contrario, persisten los prejuicios contra la pequeñez en el fútbol, sometido desde sus inicios a una evolución atlética que debería conspirar contra los chiquitos y menudos. Contra la ligereza, en general. Es un mantra que se escucha desde tiempo inmemorial y que, lejos de concretarse, se estrella contra la evidencia de los Pelé, Maradona y Messi, jugadores de escasos centímetros pero de estatura mítica en el fútbol. Son más regla que excepción, y de eso se sabe bastante en España, cuya edad de oro ha coincidido con una fascinante generación de genios en pequeño formato, desde Xavi hasta Iniesta, pasando por Cazorla y David Silva, último y maravilloso mohicano de aquel cartel irrepetible.
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