Con el gol del cojo, esa suerte que se practicaba en los tiempos de posguerra que quedó soterrada cuando la FIFA introdujo las sustituciones para el Mundial de 1970, y con la intervención del VAR, el Atlético protagonizó uno de esos partidos para la memoria. A la mezcla del ancestral recurso que coronó Godín y de la tecnología que validó su empuje, se sumó esa vibración que transmite el juego cuando todo es emoción. Cuando a contrarreloj hay un equipo que se sobrepone a todos los contratiempos que padeció y convierte el fútbol en un auto de fe. En una búsqueda de la victoria casi barrial e infantil que hace saltar los rigores del profesionalismo por los aires para desembocar en un cascada emocional. A dos ventajas del Athletic, a la falta de puesta a punto de Costa y a la lesión de Godín que provocó que ejerciera de delantero lisiado…
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