Un choque entre Boca y River es siempre algo extraordinario. Este Boca-River (y el River-Boca en dos semanas), la final a doble partido por el cetro del continente, es absolutamente excepcional. Y, para un europeo, tiene el sabor del fruto prohibido. Es la vieja absenta auténtica, el tabaco sin filtro, el sexo sin precauciones, la droga sin mesura: es eso a lo que renunciamos, el exceso contra el que, responsablemente, seguimos luchando. Es lo que no nos conviene. Y, sin embargo.
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