Fue un coito interrumpido. Parecía que la octava partida iba a generar placer, por fin, a millones de aficionados de todo el mundo; la lucha era muy intensa. Pero Fabiano Caruana confirmó que es humano, y optó por la prudencia cuando las máquinas le daban gran ventaja si se hubiera lanzado a tumba abierta. Entonces fue el decaído Magnus Carlsen quien pudo arriesgar, pero no quiso. Con el marcador 4-4 a falta de cuatro asaltos (el noruego jugará este martes con blancas), los nervios presiden ahora el Mundial de Londres.
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