Los aledaños del Signal Iduna Park son una explosión de tradición futbolera alemana. Los grupos de jóvenes y las familias se apiñan alrededor de puestos donde humean las salchichas y vuela la cerveza. Una bacanal previa que luego dio paso a la de su equipo. La hinchada del Dortmund asistió entusiasmada a la mayor goleada que ha encajado Diego Pablo Simeone desde que aterrizó en el banquillo del Atlético en diciembre de 2011. Ronco, Simeone transmitió la sensación de tener el orgullo muy tocado, pese a que trató de disimularlo. Le delató su ataque al fútbol de posesión. Si el curso pasado, cuando el Barcelona le cortó de raíz sus aspiraciones en LaLiga, elogió que el Barça supiera defender un 1-0, en la sala de prensa de Dortmund le dio por lanzar otra andanada estilística. “Me encantó el Borussia, práctico, dinámico y con muchas transiciones rápidas. Y no la tenencia inútil de la pelota”, sentenció.
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