A Álvaro José, un niño almeriense de nueve años, le rompieron la tibia y el peroné durante un partido de benjamines el pasado fin de semana. El chasquido de los huesos fue tan fuerte que el escalofriante sonido se recoge en un vídeo grabado desde la grada, a varios metros de distancia. También la displicencia del colegiado, que justifica como reglamentaria la entrada y señala saque de banda. Mientras el muchacho se retuerce de dolor sobre el campo, y para terminar de componer una escena que sobrepasa en varios tonos de negro lo dantesco, un adulto lo increpa al grito de “¡anda, anda, farsante!”.
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