El Valladolid sumió en el desconcierto al Betis. Los castellanos lograron una victoria estupenda y mantienen su buena racha. Provocaron además el primer problema serio al conjunto de Setién. Y de paso, a su estilo. Y es que al Valladolid le bastó con ser ordenado en defensa y jugar con una enorme intensidad para desarbolar a un equipo que necesita reflexionar. Ensimismado en su toque eterno, perdido en un laberinto de pases, el Betis fue tan previsible que acabó por aburrir a su gente, creando dudas en torno a su filosofía. El Valladolid fue un muro insuperable para un equipo sin chispa ni magia, al que le vino demasiado grande el traje de dominador. Con un fútbol pretencioso y lento, no creó peligro, mostrando una importante falta de gol, cayendo una y otra vez en las trampas del fútbol de un Valladolid que se llevó el triunfo con un sistema muy básico. Sus tretas en la segunda mitad perdiendo tiempo, por ejemplo, fueron de lo más llamativas, pero también válidas en este fútbol tan competitivo. Así las cosas, el Valladolid sumó su cuarto triunfo consecutivo para dormir en Europa. Que le quiten lo bailado mientras el Betis se pregunta cómo con una propuesta tan bonita es tan intrascendente. Setién y su tropa deben pasar por el diván. El ejercicio de resistencia del Valladolid fue encomiable, cuajando un soberbio partido en defensa y maniatando a un Betis de mucho mayor presupuesto y presunta más calidad.
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