Nadie duda de la representatividad simbólica del escudo. Es el signo histórico, emocional y aglutinador de los hinchas, el corazón gráfico que distingue a cada club de los demás y, por lo tanto, la señal básica de pertenencia a un equipo, aunque eso nunca ha evitado retoques y variaciones de toda clase en los escudos. Probablemente no existe un equipo en España que no haya modificado su principal recurso simbólico. El Barça lo ha rediseñado 11 veces en 119 años. Es decir, un repaso estético cada 10,8 años, promedio que se puede calificar de bastante ligero. El domingo, sin embargo, la asamblea de compromisarios, representante legal de los 120.000 socios del club, rechazó de tal manera la propuesta de modificación del escudo que no se llegó a votar. El presidente Bartomeu ordenó una retirada estratégica y apartó el conflictivo punto del orden del día. Este lunes declaró la defunción del nuevo escudo. Ha muerto antes de nacer.
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