De vez en cuando el viento nos trae el nombre de Schumacher en un titular, y enseguida otra ráfaga se lo lleva, haciéndonos dudar si lo vimos. Quizá se trata de un plan para que creamos que los fantasmas existen, vienen y se van, emergen y se borran. Michael Schumacher sobrevivió a aquel ya lejano accidente en la nieve, pero a la vez desapareció. Primero todo fue dramático, después todo fue confuso, luego todo fue secreto y finalmente todo fue silencio. El 29 de diciembre de 2013, la leyenda del automovilismo se deslizaba por la nieve de Máribel cuando perdió el control de los esquíes y se golpeó la cabeza contra una roca. “No sabemos exactamente si es grave o no”, manifestó en el primer momento el director de las instalaciones. Por la noche, su estado ya era crítico. “Sufría un traumatismo craneoencefálico grave, estaba en coma y fue sometido a una intervención”, informó el hospital de Grenoble.
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