Una década después de presentarse a lo grande con una victoria monumental (Monza) al volante de un Toro Rosso, con cuatro títulos de campeón en su hoja de servicios y con la etiqueta de estilete de Ferrari, Sebastian Vettel está más cuestionado que nunca. Y eso que la ‘Scuderia’ está más cerca de volver a coronarse de lo que lo ha estado en mucho tiempo. Lo que ocurre es que el alemán ha fallado más de lo permitido en alguien que teóricamente debe ser el encargado de romper la dictadura de Mercedes, y de ser capaz de aguantarle la mirada a Lewis Hamilton. En lo que llevamos de temporada, eso aún no ha sucedido, circunstancia que ha generado una ola de incertidumbre alrededor de la capacidad para manejar la presión del corredor de Heppenheim. En Bakú se precipitó cuando la carrera se relanzó después del coche de seguridad y perdió las muchas opciones de victoria que tenía –terminó el cuarto–, en Paul Ricard perdió el liderato de la tabla al llevarse puesto a Valtteri Bottas en la primera curva –terminó el quinto–, en Hockenheim se salió de la pista cuando lideraba la prueba –abandonó– y en Monza, hace 15 días, un roce con Lewis Hamilton en la primera vuelta le hizo dar un trompo que le llevó a la cola del pelotón –fue cuarto–.
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