De Puente San Miguel (Cantabria) a Iowa (Estados Unidos). Celia Barquín tenía tan clara su meta como su camino. “Se le veía en la mirada que iba a llegar alto”, asegura Nacho Gervás, director técnico de la federación española de golf, recordando los dos años, de 2012 a 2014, que la jugadora cántabra pasó en la Escuela Nacional Blume. Había llegado como una de las mejores promesas del golf español, subcampeona nacional benjamín en 2006 y campeona infantil en 2010. “Mis padres y mis hermanos jugaban al golf cuando yo nací, así que era una afición familiar”, comentaba Celia; “a nada que fui creciendo me pusieron un palito de golf en las manos y en cuatro días se convirtió en lo que me gustaba”.
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