Si la economía del país es difícil de explicar, el fútbol argentino no se queda atrás: la patria de Diego Maradona y Lionel Messi se jacta de concebir uno de los partidos más emotivos del mundo, el Boca-River, pero es incapaz de organizarlo con el condimento que lo hace especial, la pasión de sus dos hinchadas. La violencia sin control en los estadios y el poder legalizado de las barras bravas obligan a un manual para entender las particularidades: en los enfrentamientos amistosos y de Copa Argentina se permite el público de los dos equipos pero en las competiciones sudamericanas y de Superliga sólo puede asistir el público local. Este domingo, por la sexta fecha de la Superliga, la cancha de Boca comprobó la nueva tendencia: River ganó 2-0 en soledad y enmudeció a la Bombonera.
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