dimanche 9 septembre 2018

Pero si yo te amo

A veces damos por presupuesto el odio. Simplemente, nos parecía que Luis Enrique y Sergio Ramos no podían caerse simpáticos. Los sobreentendidos son tan habituales en fútbol como en eso otro que llamamos modestamente «la vida». Qué, sino aborrecimiento, pueden sentir dos personas que no se conocen, que se cruzan de vez en cuando, cada una pensando en lo suyo, y que después se van a sus casas, a cientos de kilómetros entre sí. Aborrecimiento sin causa, casi a la manera de aquel cuento de Hemingway, titulado Los asesinos, en el que dos tipos con sombrero, Al y Max, entran un día en la cafetería de Henry, preguntando por un tal Ole Andreson, para matarlo. Un cliente del local muestra interés por saber qué les ha hecho Andreson, al parecer una buena persona, para querer acabar con él. “No ha tenido oportunidad de hacernos nada. Nunca nos ha visto”, dice Max. “Y solo va a vernos una vez”, añade Al. Todo lo más que llegamos a saber es que lo asesinarán “para hacerle un favor a un amigo”, pero la razón jamás se revela.

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