El sol y la humedad azotan con tanta fuerza en Nueva York que Rafael Nadal debe detenerse con relativa frecuencia para coger aire, refrescarse y evitar una pájara. El número uno, citado la próxima madrugada en los cuartos con Dominic Thiem (hacia las 3.00, Eurosport), busca refugio en una zona sombreada desde la que le gritan numerosos aficionados, contenidos por la malla metálica que delimita el acceso a la pista 1 de entrenamiento en Flushing Meadows. Su visera, invertida hacia atrás, rebosa sudor y su camiseta se ha adherido por completo al torso. Desde su equipo extraen un chaleco futurista con hielo de una cámara frigorífica y el número uno se lo pone para rebajar la temperatura de su cuerpo.
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